Cada partido tiene un millón de lecturas diferentes según quién lo vea y cómo lo vea, para gustos colores.
Hay muchas formas de caer.
Unionistas de Salamanca, a fecha de hoy pierde casi todo lo que juega, hasta ahí de acuerdo. Pero no es lo mismo salir derrotado con sensaciones de no haber competido, las primeras tres derrotas de campeonato, al de encarar el túnel de vestuarios tras el pitido final con el amargo sabor de morder el polvo una vez más pero con la cabeza alta y sabedor, que por situaciones del juego, algunas por errores propios y otros ajenos al equipo, los puntos no vuelven dentro de la saca blanquinegra a Salamanca como sucedió en la tarde de ayer.
En Miranda de Ebro el equipo fue más equipo que lo que se había visto hasta el momento. Con una actitud de no sentirse inferior ante un gran conjunto, al que se le empequeñeció con el transcurso del juego, y con hechuras de escuadra con las cosas claras, los salmantinos merecieron cosas buenas.
Cierto es que el resultado volvió a dar la espalda pero el camino descrito en Anduva es el correcto.
Se perdió por un error de bulto, impropio de la categoría y que hará reflexionar a los profesionales, pero la confianza debe ir creciendo con el paso de los días, y ese trabajo diario tiene que salir reforzado por lo visto en Tierras del Cid.
Se estuvo sólido en prácticamente la totalidad del envite, se jugó más junto entre líneas, mucho más coordinados en los movimientos grupales, un plantel que en determinadas fases se desplazaba en el campo como un acordeón bien engrasado, mostraba sensaciones de poder con la complicada empresa que tenían por delante.
Destacó Gorka en la zona de zagueros. Tiene pinta que la titularidad salvo lesión o sanción, será del joven jugador procedente del filial del Getafe. Hasta le anularon un gran gol por ineptitud de Marcelo y mala fe del árbitro, se tendrían que anular todos los goles que vengan de saque de esquina. (Agarrón a 3000 metros de la jugada y sin conexión previa).
Más alegres en el juego y arriesgando en el pase para saltar líneas, al equipo por momentos se le noto disfrutón. Ese atrevimiento provocó que los locales se hundieran y plantearan su ventaja con mimo defensivo, algo que Pau Ferrer pudo desmoronar, pero que su poca pericia de cara al gol, junto al palo del portal mirandesista, privó al cuadro popular de un empate que se hubiera visto como justo por ambos contendientes.
La derrota, una más, deja a los de Molina, una semana más, en la parte muy baja de la tabla clasificatoria. Pero estas derrotas duelen menos porque, de donde se venía, el equipo mostró una mejor cara en todas las facetas del juego.
Se debe seguir con la partitura de Miranda y crecer en confianza.
Si se compite así, hay mucho margen.
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